Asesoría y Comunicaciones para las Artes

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miércoles, enero 17, 2007

Livianamente detenida

Así, livianamente detenida...
sólo puedo reconocerme
desde la soledad pausada,
la que me permite ver el color azul de las mañanas;
desde la soledad sin culpa
desde la soledad sin grietas, sin yagas,
sin un puto desconsuelo.
La rechacé tantas veces
por emborracharme de ganas
de sentir que una es parte de otro
y que ese otro es también tuyo
y que los sonidos, las letras,
o las historias o los trazos que él pudiera crear son el alimento.
Como cuando ese otro, que crees tuyo,
te siente, te huele desde la espalda desnuda
alojando su brazo por la cintura quieta.
Una fantasía maravillosa.
Pero hay veces en que la soledad,
lejana a la amargura, a la acidez, al barro,
a los recuerdos afiebrados, a las confusiones
es la ventana de cristales violetas.
y sólo ahí me puedo sentir
livianamente detenida.

1 comentario:

L dijo...

La soledad comienza con S de sueño, y es mi mejor compañía cuando tengo miedo. La extraño cuando me abrumo...y me gusta verla llegar afable. Me deja jugar con ella, y he conseguido que me respete: si le pido que se aleje, se va.
Que bueno leerla amiga.